Se culpa al entrenador José Soto, a los jugadores, a la comisión de fútbol, a los dirigentes. Y, aunque pueden ser parte, no son la explicación. La verdadera causa se vincula con un tema ajeno a las canchas y al rendimiento deportivo. Se trata de la situación institucional del Club. Porque la actual directiva terminó el 31 de marzo su período legal estipulado por los estatutos y la Corte Superior ha determinado que el juez había obrado mal al permitirles continuar ocupando un cargo más allá de los plazos legales. Ha sido un recurso cautelar ante el tribunal de Arbitraje que está viendo el tema lo que ha permitido que el Club no haya quedado acéfalo.
Esta inestabilidad es el factor más profundo para comprender la crisis general de la institución. Porque la presidencia interina actual no puede trabajar contando con los tres años que dura el mandato ya que sabe que en cualquier momento deberán producirse nuevas elecciones. Esta es una espada de Damocles muy grave si tomamos en cuenta el hecho que termina por complicar el panorama: el actual presidente interino es al mismo tiempo candidato.
No puede pues cumplir un plan de desarrollo ya que tiene la cabeza puesta en ganar una justa electoral que no sabe cuándo se producirá. Anunció que desarrollaría la identidad del club incorporando a los jugadores juveniles en un plan que tenía como cabeza visible al entrenador Arrué. Empezó el año con esta política. Pero no puede pagar el costo que significa una renovación ya que los resultados negativos que habría que tomar con tranquilidad en una etapa de cambio lo atemorizan respecto a su futuro en las urnas. Entonces, como el dios Jano, gobierna la institución con dos caras: una hacia el futuro del Alianza Lima, otra hacia el presente electoral. Y gana la segunda porque ante todo quiere ser presidente sin esa (i) de interino que no llega a colmar su anhelo personal.
Sacar al entrenador Arrué, contratar a jugadores como Jorge Soto, son medidas desesperadas ante el fastidio de los socios por la posición en el campeonato del equipo. El rumbo se altera sustancialmente y no se mantiene una promesa sólo ante el miedo a perder electores y dejar así el ansiado poder. Es un fantasma que recorre Matute, es el que hace que la barra presente un cartel que dice: fuera los tránsfugas, es el que hará que se contrate desesperadamente más jugadores, el que impide que Baylón tenga tiempo para consolidarse, el que postergó a Mori, a Trujillo, el que maltrató a Manco, el que está dispuesto a vender a lo que sea el porcentaje de Farfán. Es simplemente miedo, y el miedo, los mostró Ricardo Palma en una célebre Tradición, es el peor consejero, la peor razón.
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